Sobre “Escenas de la vida de San Francisco” -un texto de Omar Espinoza-

El templo de San Diego es uno de los más antiguos de Aguascalientes. Pocas fincas mantienen ese sabor añejo desde el 25 de enero de 1644. Su poca iluminación no oculta la riqueza visual que su interior presume. El ardor de las veladoras, el aroma al incienso, el rechine de la madera y las notas del órgano son sólo una de las características principales que hacen de este recinto un lugar vivo. Esta construcción fue realizada con el apoyo económico de Agustín Rincón de Ortega y seguida por su hermano Pedro Rincón de Ortega. El terreno pertenecía a Pedro de Huerta, vecino de la villa, tenía 16 solares, que equivalían aproximadamente a 16 700 metros de área[1].

En el templo de San Diego tuve la suerte de conocer y tratar a muchos franciscanos y llevar relación con ellos de alumno – maestro. Fui un monaguillo de ese templo desde mis 6 años hasta los 17, es decir, le dediqué toda mi infancia al templo. Sin echar más rollo, existe dentro de este lugar una de las pinturas más hermosas que he contemplado, ubicada en la sacristía de este recinto: “Escenas de la vida de San Francisco” (titulada así por la historiadora del arte Elisa Vargas Lugo). Esta obra es del pintor novohispano Juan Correa (1646- 1716), realizada en 1681, como se puede comprobar con la firma que lleva en la parte inferior izquierda del mismo lienzo la cual dice: Juan Correa 1681 A devoción del Br. Bernabé Altamirano de Castilla. Sus medidas son 2.60 * 4.40m.

Escenas de la vida de San Francisco

Escenas de la vida de San Francisco

El formato de la obra es horizontal, la conforman dos figuras, en la parte inferior un rectángulo y en l parte superior una especie de arco, ambas figuras coinciden en sus extremos para integrar una sola forma. Hablar de este cuadro y unas básicas descripciones nos da origen para reflexionar que la orden Franciscana hizo uso de los recursos visuales para transmitir una pedagogía muy a su manera que occidentalmente se daba hacia el siglo XVII. Podría perderme entre cientos de líneas que encontré tras la investigación de esta pintura, pero el fin no es ese, pues mucho lograré con motivar a ver la obra y hacer una reflexión personal.

En la actualidad, las salas de los museos funcionan tras una gestión respetable hasta cierto punto, sin embargo voltear al arte novohispano es viajar en la máquina del tiempo y observar el contraste de esta disciplina. En la pintura novohispana, nombre que recibe esta época del siglo XVII, particularmente en Aguascalientes, encontramos una diversidad iconográfica de Santos. Estos sujetos de culto piadoso y las personificaciones que eran ejemplos de vida, intercesión y protección imperaron en ese tiempo, pues la mentalidad de la sociedad estaba ligada a la moral de la Iglesia. Estas personificaciones eran utilizadas de manera pedagógica, ya que las personas veían en ellas sus anhelos y ponían en ellos sus preocupaciones de la vida material y ordinaria. Eran enseñanza para los mismos frailes y la sociedad, que al ver los milagros de los santos por medio de las pinturas, aumentaban su fe y se les instruía en un camino más correcto.

En la actualidad el arte sigue siendo similar al novohispano, es observado para reconocer al artista, la institución que lo respalda y lo adopta, pero también podemos ver un vínculo entre la obra y la vivencia del espectador (este tercer punto es el más  ligado al novohispano). Aunque el artista novohispano tuvo más labor artesanal, refiriéndome a una práctica comercial, no podríamos llegar al juicio de decir que ya no hay artistas buenos en un sentido estricto, y aunque parezca lógico, en realidad el arte y el artista existirán en todos los tiempos: quien cambia es la sociedad. Por ello, le damos un valor histórico a las cosas, en este particular caso a la pintura del templo de San Diego. Una de las pruebas más sencillas para experimentar este espacio histórico del que hablo, es no atrevernos a entrar para ver la obra o el no saber que existe ahí un recuerdo, una herencia, un tesoro visual. No se equivocó Santo Tomás de Aquino al decir en su escolástica “No se trata de que un artista opere bien sino que haga una obra que opere bien” espero que la obra sea más visitada ahora y que sean testigos oculares de lo que me llevó a un buen viaje por el Aguascalientes de hace tres siglos y medio.

[1] Medina, Christian Jesús, El convento de San Diego y su influencia en la villa de Aguascalientes 1664.1775. UAA, Aguascalientes, 2013 p. 170

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