Hallado en la última página de un poemario

Husmeando en una librería de viejo, uno de nuestros lectores se encontró con un ejemplar de muy reciente edición. “Siempre me sorprende cuando un texto que no tiene ni un año de haber visto la luz, ya está en los anaqueles de libros con mucho recorrido -nos escribe nuestro lector- por eso, suelo ponerles especial atención.

“A éste lo saqué de su lugar (en el espacio destinado a libros de poesía) y comencé a hojearlo con cuidado: era un poemario bilingüe de un poeta norteamericano, editado en la Ciudad de México en 2016. Leí algunos poemas y me parecieron entre pretenciosos y malos. Supuse que esa era la razón por la que su comprador se deshizo con tanta velocidad de él.

“A punto de dejarlo en su lugar, me encontré con unas notas escritas con lápiz, al margen de uno de los poemas: quienquiera que haya sido su lector anterior, había discutido airadamente con algunos de los textos. No lo culpo: yo también me he llevado decepciones así, después de haber pagado por un libro caro y prometedor, que resultó ser sólo lo primero.

“Había notas divertidas, correcciones a la traducción, propuestas de cambio en el corte de algunos versos y señalamientos sobre la irregularidad y falta de calidad del autor original del libro. Como soy muy morboso, compré el ejemplar, nada más para acabar de revisar todas las notas y leerlas con calma.

“Ya en casa, volví a recorrer las páginas del libro, pero sin poner atención a los poemas ni a sus traducciones: seguía más bien las notas (y si eran lo suficientemente ingeniosas o corrosivas, entonces leía el poema al cual criticaban). No sé si el crítico improvisado previó que alguien más compraría este libro para leerlo a él, con cierta complicidad; es decir, no sé si al cambiarlo en una librería de viejo sólo pensaba en deshacerse del poemario o si pensó que, sin quererlo, podría volverse un promotor indirecto de su compra.

“He perdido el punto. Quería contarles que, finalmente, llegué a la última página del libro y ahí, ya en las guardas, encontré un ‘poema’ improvisado de este crítico, que ahora quisiera conocer. Tal vez si publican ese textito, pueda dar con él. Si lo publican y el autor da con él, le pido que se comunique con ustedes por correo electrónico o por facebook y ustedes, a su vez, lo contacten conmigo. Quisiera discutir algunas de sus correcciones y algunos de sus comentarios; pero sobre todo, quisiera platicar con él. Ya lo dije, me gana el morbo.”

La carta del lector nos gustó. En ella nos pidió además que mantuviéramos en secreto su nombre y también que no dijéramos que el autor del libro era B.. ….er. En fin, va el “poemita” del crítico anónimo, tal cual nos lo envió nuestro morboso lector. Nosotros nos abstenemos de hacer comentarios sobre  dicho texto, salvo que nos dio la impresión de que podía aplicarse a una considerable cantidad de poemarios y poemas que salen a la luz todos los días. A falta de título y de imaginación por nuestra parte, le pusimos:

Hallado en la última página de un poemario

 

si dice que es poema

es un poema

 

quedan emplazados los lectores

a asumir su parte indispensable

del contrato

 

si entienden qué mejor

pero si no

en realidad no importa

 

siempre habrá un par de traductores

entusiastas

amigos que pagan o arrendan un favor

 

o jóvenes astutos o críticos ingenuos

que vistan con sus trapos

al rey que se pasea desnudo

 

no importa que no suene

no importa que haga alarde

de lo obvio o que carezca

de sentido

 

si dice que es poema

si es leído en un encuentro de poesía

o se encuentra impreso y empastado

 

no hay sitio pues

para ninguna duda

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