La influencia de la crítica en el mercado y las políticas culturales

Teniendo como  padre a Baudelaire, la crítica moderna y en particular la literaria, ha tenido grandes momentos donde ha crecido y se ha desenvuelto, jugando un papel crucial en el mundo del arte. Pero también ha tenido grandes desafíos, sobre todo en los últimos años, no solo en México sino a nivel mundial.

Desafíos que van ligados a la falta de público que atienda y demande la crítica, la falta de espacios para publicar los textos y al surgimiento de un personaje muy particular conocido como el curador. El rol que el crítico juega va encaminado a analizar, discutir, juzgar –académicamente- y a apreciar una obra;

“Ante la obra, el crítico desarrolla toda su capacidad analítico-vivencial, mediante operaciones sensoriales, sensitivas y mentales, las cuales terminan en lecturas, interpretaciones y valoraciones. Luego redacta su texto, para informar, describir, cualificar y argumentar con el fin principal de enseñar a leer, interpretar y valorar la obra. Ósea señala a los lectores las posibilidades estéticas, artísticas.”[1]

Así la crítica va más allá de hablar de una obra y funge como una herramienta social que busca penetrar y descifrar las posibilidades de las obras  sirviendo de puente como mediador entre la obra y el espectador.

Durante mucho tiempo, al crítico se le ha conferido el papel legitimador de dictaminar qué obras se muevan en los mercados nacionales e internacionales, así como en los museos. Sin duda esto deja abierta la posibilidad de dejar fuera, por la subjetividad y el gusto del crítico, obras que pudiesen ser propuestas validas e interesantes; pero esto se compensa con el trabajo de otros críticos de arte, formando un circuito que harnea la producción y solo deja pasar ciertas propuestas que por sus valores estéticos y propuestas creativas merezcan estar en el mercado y/o sitios de exhibición.

Esto viene a cuento ya que el crítico de arte y en especial el literario tiene una función fundamental en el ámbito de producción y el mercado del arte, pues es él quien de alguna manera regula la calidad de producción fungiendo como árbitro y mediador. Tampoco se pretende dejarle la decisión unánime al crítico de qué es arte y qué no merece ser llamado así. Se trata de que el crítico emita una opinión especializada y analítica que permita al observador acercarse a la pieza, apreciarla y juzgarla por sí mismo, influyendo en el gusto y la apreciación en oposición a la brindada por el artista, la exposición y en muchos de los casos contemporáneos, la del curador.

Continuando con esta idea de que el crítico funge como árbitro, y suponiendo que de esta atribución se le ha venido destituyendo o desdibujando con el paso de los años, podemos imaginarnos que algo o alguien más deben asumir la postura de mediador y decidir qué obras son las que juegan en el campo del mercado del arte, actualmente  controlado por unos cuantos a través de las TIC’s y el papel que juega el curador, sobre quien suele recaer la decisión de qué obras se exponen, qué artistas tienen oportunidad.

Ahora, la crítica con todo y su análisis, su discusión y su posibilidad de valorar una obra por lo que es y lo que presenta, se ha quedado reducida a la crítica académica, pues

El academismo es, después de todo, el iniciador de la crítica pública y oral, a partir de la cual se seleccionan las obras para los Salones anuales y donde también se inicia el comercio del arte… Hay, sin duda, una estrecha relación entre el comercio, los museos y la crítica  de arte[2]

con respecto a lo anterior, ha dejado de ser el crítico el que selecciona las obras para los salones anuales y el iniciador del comercio de arte. El problema fundamental es la falta de espacios y la poca valoración que se le da a este ente mediador. Se deben crear espacios, designar actividades o roles específicos tanto para el curador como para el crítico para evitar que sus funciones se traslapen.

La crítica como ensayo debe seguir siendo fundamental para las cuestiones artísticas, tanto académicas como comerciales, pues aunque

el ensayo surgió como una forma de la modernidad, tal vez no sea apto para abandonarla. Quizás el ensayo sea incapaz de resistir la desaparición del sujeto y la muerte de la literatura y la derrota del lenguaje en manos del mercado y la academia.[3]

A través del ensayo crítico o la crítica podemos comenzar por ganar terreno, en el sentido de establecer toda una infraestructura en torno a la producción artística en un mercado a nivel nacional y mundial. El ensayo no puede desaparecer, al contrario debe seguir siendo cosechado en sus diversas ramas como es el caso de la crítica de arte.

Pero también debemos estar conscientes que nosotros –hablo como latinoamericano- debemos priorizar los productos realizados en nuestras naciones, no solo obras plásticas, sino música, teatro, cine y literatura; pues estos productos de alguna manera expresan lo que somos, nuestras ideas, nuestras quejas, nuestras alegrías. Debemos —escribe Acha en Crítica del arte: teoría y práctica— atender a lo que nosotros producimos y dejar de estar consumiendo lo que los norteamericanos nos obligan a consumir.

El comercio de arte y de literatura se está centrando en dos puntos nucleares: las artes visuales y nuevas expresiones en los mercados norteamericanos y europeos y la literatura en lengua hispana en las editoriales españolas. Debemos, primero que nada, establecer políticas culturales a nivel nacional que fomenten la creación de infraestructura cultural nacional y que promuevan los productos nacionales y regionales así como establecer vínculos más fuertes y colaboraciones entre los países de Latinoamérica.

Todo lo anterior con la finalidad de crear un mercado de arte y de literatura contemporánea en común, vital y prolífica en todo Latinoamérica. A esto el crítico latinoamericano debe ser parte de este cambio, pues tiene que dejar de hibernar y luchar por espacios donde  pueda publicar sus textos, así como demostrar que sus aportaciones son de suma importancia para el mercado del arte en todos los ámbitos artísticos.

En este sentido el crítico debe “Difundir los valores de la tendencia genérica del arte al cual pertenece la obra criticada, con el propósito de evitar la generalización occidental del valor o calidad artística que no existe.”[4] Con esto podremos crear un mercado latinoamericano que se sitúe al lado del norteamericano y el europeo. El crítico no puede dejar de ser parte de la discusión sobre arte y sobre literatura. El crítico debe fomentar espacios aún más en un mundo contemporáneo donde las nuevas tecnologías nos permiten competir desde cualquier parte del mundo en las mismas condiciones, además debe crear públicos a través de críticas polémicas que atrapen al lector y lo inviten a consumir la crítica y las producciones artísticas, dígase, literatura, música, teatro, cine, artes visuales o plásticas etc.


Notas

[1] Acha Juan, Crítica del arte: teoria y practica, Trillas, México, 2011, pág. 95.

[2] Acha Juan, Crítica del Arte, Trillas, México, 1997, pág. 13.

[3] http://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/9123066

[4] Acha Juan, Crítica del arte: teoría y práctica, Trillas, México, 2011, pág. 109.


Bibliografía

Acha Juan, Crítica del Arte, Trillas, México, 1997, pp, 11-17.

Acha Juan, Crítica del arte: teoría y práctica, Trillas, México, 2011, pp, 95-109.

http://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/9123066

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