Diotima (o del amor en la era líquida)

Aroma a incienso barato, agradable oscuridad, sillones color de rosa, luces neón. Tomo unas botas de charol con plataforma y las abrocho hasta la rodilla. Artículos para adultos, accesorios extravagantes, antifaces, máscaras, látigos, spank-spanking-spanked, dildos y lubricantes.

—Sigue jugando con esos zapatos y te los descontaré de tu salario. Termina de limpiar, ya casi llegan los clientes.

Fin de la fantasía, hora de trabajar.

—¡Bienvenidos a Claudia’s Boutique! Es para mí un placer ayudarles. En este piso tenemos la lencería, lubrimaniqui1cantes, zapatería y disfraces. En la planta alta se encuentra el área de BDSM y los juguetes. Contamos con las marcas más populares: Pocket Rocket, Njoy, Funfactory, Vixen, o… ¿acaso prefiere un Hitachi? Si busca algún material le puedo recomendar el silicón, gel o algo más elaborado como el cristal o el metal.

Los clientes siempre levantan una ceja al escuchar sobre el cristal, prefieren lo convencional, lo que suene menos hardcore. Los hombres: anillos vibradores, y las mujeres: bueno… ellas prefieren los “conejitos”.

En la planta baja escucho risas, al llegar hasta ahí me sorprende el click de una cámara. Más risas. Reconozco esa actitud: parejas vainilla, bufones que no han explorado su propia sexualidad y piensan que burlándose encontrarán la respuesta que su cerebro no es capaz de descifrar.

*

La mujer frente a sí misma

Hoy en día la sociedad victoriana-hipócrita burguesa que describe Foucault sigue presente. Doble cara o ignorancia. No, hay algo más. El ser humano crea planes de vida con los que organiza cada una de sus fases de desarrollo, de acuerdo a lo establecido por la buena sociedad, pero no contempla su cuerpo ni el pleno conocimiento de su instinto sexual. El sexo está sobrevalorado, dicen algunos, pero también es cierto que ha destruido imperios, ¿o tu qué opinas Luis XVI?

—¡Qué horror! Vámonos, esta tienda es para putas – dicen las clientas ruidosas y salen en manada.

La mujer le teme a muchas cosas, algunas terribles y mortales, y otras pequeñas e inofensivas pero con la palabra tradición grabado a fuego. Pero lejos de todo tema grave, a lo que más le teme una mujer es a la «Mujer».

—Bájate de tu nube niña, llevo un buen rato esperando.

¡Ah, es ella!, cliente frecuente y, por mucho, la mujer más guapa que he conocido. Agradable e inteligente, buena conversadora. Siempre llega acompañada de un hombre diferente, pero hoy está sola, seguramente pasará medio día midiéndose zapatos y contándonos historias picantes, pero nos gusta oírla y conocer un poco más de ese mundo que eligió. Un mundo sin vínculos.

—¿Te impresiona? — Me dice — Es imposible sentir algo por alguien que a veces ni te pregunta cómo te llamas—ríe y no puedo leer su rostro.

Una Violeta que no necesita ni espera a un Alfredo. Una mujer cínica, libre para elegir su vida, cómo ganar su dinero y cómo dirigir su destino, y sin embargo, es vista como el adorno de aquel que pague más. Apariencia y realidad.

Antiguamente sólo las cortesanas eran dueñas de los secretos demujer fatall arte amatorio, toda una tradición de prácticas que las elevaba a diosas. El secreto del ars amandi es de orden interno, capaz de estimular no el cuerpo, sino la mente. Algo profundo y duradero, y para ello la cortesana tenía un completo dominio del yo y del tú —a diferencia de la actual maestra de las artes del amor de nuestro siglo, que sabe todo del sexo pero nada de sí misma—.

—Sigue burlándote de mí y te haré beber todo un frasco de lubricante.

(Y con lo mal que saben).

Foucault señala las distintas jerarquías dentro de la prostitución. Desde lo bajo, lo criminal e inhumano, hasta estas guapas escorts que se cotizan a precio de oro. Pero la palabra puta se ha generalizado. El ser puta no es pertenecer a esta jerarquía sino, a los ojos de la sociedad puritana, el vivir la sexualidad lo más libre posible; después de todo, aún es satanizado el que una mujer pida y disfrute del sexo. La puta-hipócrita se disfraza de “buena hija de familia”, que sin embargo tiene una forma de vida sexual libertina. Por supuesto, nombra puta a quien sí tiene las agallas de vivir su vida sexual de manera sana, libre, segura y consensuada. Las reglas de oro de la voluptuosidad.

La palabra puta, una palabra-arma con la que alguien intenta dañar a otra persona, es sólo el miedo a lo desconocido. No obstante, dice más de nuestra época que en tiempos pasados. De ser la descripción de un oficio, de la venta de un objeto, de la más terrible misoginia, la palabra puta ha relajado su significado en nuestra sociedad para describir lo que no comprendemos de una mujer. Si quiere sexo es puta, si no quiere sexo es puta, si consiguió un buen trabajo es puta, si no, también. Si antes el significado oculto en la palabra expresaba un temor a ser desplazado por alguien capaz de satisfacer ciertas carencias, ahora la palabra se vincula al rompimiento con las ataduras sociales, y causa tanto escozor porque duele reconfigurar las estructuras mentales, sociales e ideológicas. Nuestro chip incorporado hace corto circuito ante la rebelión a la tradición que seguimos arrastrando. Somos bombardeados por la idea del sexo, pero aún debemos respetar las reglas de la buena sociedad. Puto avidos vincere posse[1] (wink-wink).

Yo sólo digo, adaptando las palabras de Antonio Machado, que hay que ser buenos en el buen sentido de la palabra. Digo, el chiste es estar a gusto con uno mismo, de lo contrario difícilmente estaremos en armonía con los otros, ¿o tú qué dices, Simone de Beauvoir?

— Que «la mujer es campos y pastos, pero también Babilonia».

—¡Deja de perder el tiempo y atiende a esa clienta!

*

Uno es la medida de todas las cosas

Una mujer, 90 kilos, pide un traje de colegiala. Es hora de ir a la bodega y desenterrar los tesoros de las valkirias. “A su servicio, aquí tiene, este es el probador, si necesita algo más, estaré aquí para ayudarle”. Se toma su tiempo, sale con rostro satisfecho, va a la caja, lo paga y se va.

—Ella tiene una vida más interesante que nosotras — Dice con ironía la jefa.

espejo

El probador de mujeres, cuarto rodeado de espejos. He visto las expresiones de las clientas al salir de ahí: alegres, enojadas, tristes, indiferentes, semblantes sombríos.  ¿Por qué hay un espejo en el techo? Ley de correspondencia: el cielo es el reflejo del infierno, de todo lo intermedio y viceversa. ¿En qué piensan esas mujeres cuando se ven con los trajes del deseo y rodeadas de esa imagen tan distinta a su proyección en sociedad? El  probador, testigo de las fantasías aún no cumplidas. Pienso esto mientras me recargo en un maniquí y estos caen como piezas de domino… ¡diablos!

—Bueno, da igual. Además, ¿a quién se le ocurre colocar un maniquí vestido de coneja playboy a lado de una caperucita, a lado de una dominatrix?

—¡Boba, tú fuiste la que los vistió así la última vez!

— ¡Ah, sí! ya caigo, en realidad intentaba hacer una representación de las distintas fases de la mujer fatal y….

(Mentiras).

Las relaciones humanas de nuestro tiempo son así de frágiles, se derriban de igual forma, y tan pronto como alguien deja caer la primera pieza. ¿Cuál es el motivo? Dios ha muerto. La muerte de dios, en palabras de Julius Evola, ha ocasionado que toda moral, norma y valor sean incapaces de sostenerse y justificarse. Pero la muerte de un ser protector también significa independencia y soledad. Libertad y temor a perderla. Soledad que pide unión pero bajo un terrible miedo a comprometerse. Relaciones afectivas lo suficientemente libres como para escapar de ellas. Soledad, responsabilidad y decepción. A grandes rasgos, esas son las hipótesis de Zygmunt Bauman y su concepto de sociedad líquida. La sociedad del yo y no del tú, de la carencia de vínculos o de su fragilidad y ruptura; es la revalorización del amor en una era acuática.

Pero no hay nada nuevo en eso, Aristóteles ya exponía este tipo de relaciones con estas palabras: “La amistad de los frívolos es complaciente en tanto que encontramos un fin útil o agradable para sí mismo. No obstante, el frívolo suele disolver la relación tan pronto el otro deja de serle útil…”

Trata a las personas como cosas y serás una cosa, diría Savater; sigue los pasos del ciudadano Kane, y al final no tendrás nada. Italo Calvino diría que “una vez que las cosas han sido descartadas, nadie quiere volver a pensar en ellas”. En nuestra época, en la que cortamos esos lazos como lavarse las manos de una suciedad amenazante, hay poco tiempo para pensar en lo que perdimos, lo que quizá pudimos tener, lo que jamás tendremos.

—¡Pero yo quiero permanecer, quiero crear vínculos!

—¡Qué no! Eso no está de moda.

Y para modas, Gilles Lipovetsky y su análisis de la moda y su comparación con la modernidad frívola, efímera y cambiante que, sin embargo, en todo su dinamismo del cambio y cambio, conserva y se aferra a los valores más negativos del pasado.

Se dice que el énfasis en el yo provoca la desvalorización del otro. Lipovetsky lo llama el “imperativo narcisista”: moda, dieta, belleza, lucha contra el paso del tiempo y contra la vejez. Somos engañados por una distorsionada y corrupta “ética racional” que alguien nos vendió: hacer lo mejor para uno mismo por sí mismo, el inicio y el fin, la idea metafísica del ser explicado simplemente en “hacer lo que te cuadra”, sin importar el otro.

¿Conocerse a sí mismo es una meta egoísta? La decepción de ser arrojado al mundo sin más armas para luchar, solo con tus fuerzas, esa es la verdadera prueba. «Yo me basto a mí mismo». Bullshit. No importa si llevas grabados en tu mente los rostros virtuales del deseo, la unión, los otros aparentes. No es amor, no es nada. ¿Por  eso somos una sociedad profundamente deprimida?, ¿temerosos de crear vínculos y conservarlos? ¿Uno es la medida de todas las cosas? o ¿en realidad estamos vacíos? Disfrazados en una aparente satisfacción, recorremos las calles de la ciudad mirando anuncios publicitarios que nos dicen cómo debemos ser felices.

—Estar solos, ¿pero no es acaso cuando nos enamoramos que deseamos estar todo el tiempo con la otra persona? – Me pregunta mi compañera de trabajo.

—La solución es una paradoja, pues el problema es no alejarse, vivir pegado al otro, y al mismo tiempo es apartar al otro y desecharlo. Todo sería más sencillo en la toma de conciencia del tú y el yo, de la aceptación de las diferencias. La dialéctica antigua reconocía la importancia de la armonía de los opuestos. Erixímaco dice que en Eros hay una reconciliación de los opuestos en el cuerpo. Distinción y distanciamiento; no incorporación parasitaria en el ser amado; no el tomo, uso, dejo y tiro. Somos dos o somos nada; creamos lo mismo que en el clímax sexual pero de forma permanente.

— Piensas demasiado las cosas.— Me dice.

Eva Illouz también culpa a la racionalización del eros de su actual enfriamiento. Estoy en desacuerdo con ella. ¿Por qué  la racionalización del eros? Porque sin pensarlo y sólo actuando ese desconocimiento del otro y de mi yo —o como bien lo apunta Heidegger, en el olvido del ser— dejamos de crear, de amar. No es lo mismo tener un juguete sexual (dildo o vagina artificial), cuyo uso lúdico conlleva también la responsabilidad de cuidarlo —después de todo hay una inversión en dicho juguete—, que tener una pareja postiza, ornamental, que se usa y se tira, pues con ésta última no tenemos ninguna responsabilidad, y aun cuando exista una inversión, nunca es un compromiso a largo plazo.

¿Por qué no racionalizar lo que siento cuando lo siento? Ah, porque cuando estamos enamorados, hacemos todo menos pensar. Bauman dice que “por más que uno haya aprendido sobre el amor y sobre amar, su sabiduría sólo llega, como el mesías de Kafka, un día después de su llegada”. No obstante, si bien el deseo es movimiento, también lo es la razón. Desde las devoradoras llamas del cambio de una época de guerras hasta la liquidez y turbulencia de nuestro día a día, el deseo es motor de la inteligencia, porque alimenta al espíritu de la mente. Según Aristóteles, la naturaleza de la sabiduría es la libre elección, y esta a su vez es dinámica, es “inteligencia deseosa, es deseo inteligente”.

*

La muerte. Eros y Thánatos.

Todo fluye, nada permanece; es el símbolo de nuestra era: «todas las cosas tienen una naturaleza húmeda». Urstoff. Totalidad, pasión, respiración, clímax, liquidez. Me pregunto, si los lazos se han vuelto tan frágiles y cambiantes, ¿en qué piensan las almas curtidas en la voluptuosidad en el momento de su muerte? ¿Cuál es el último rostro que ven en una época en la que ya no importa un fuerte vínculo, sino varios desechables? (diría Bauman). La era de Kali-Yuga: sexualidad, destrucción, deseo y muerte.

Creo en el Eros racional: el órgano capaz de crear la excitación más intensa es el cerebro. Por otra parte, no pensar lleva a la destrucción, pero… ¡está bien!, pues Thanatos es el único capaz de avivar el amor, darle significado y hacerlo trascender de los simples lazos frágiles del tiempo humano. Si bien la carencia de vínculos y las “relaciones de bolsillo” son un mal de la posmodernidad, de la que se queja Bauman, también es cierto que el distanciamiento de los amantes es lo que activa la filosofía del amor.

El amor y la muerte, la unión y la separación. ¿Son siempre un mal?, ¿no son acaso «los grandes placeres iguales a las grandes miserias»?

eros

“Amor y dolor son una sola cosa y […] el valor del amor es la suma de lo que se paga por él y cada vez que se consigue barato uno se está engañando”, expone uno de los personajes en Las palmeras salvajes de Faulkner. La separación es el fin de los grandes amantes.

Porque cuando cada uno tomó su camino el tiempo hizo lo suyo y creí que te había olvidado. Pero me di cuenta que al rencontrarte ya eras otro y me hizo sentirme sola. (Pero en esencia permanecías y tuve deseos de conocerte nuevamente). ¿Eso es lo que algunos llaman re-enamorarse? Una, dos, tres y más veces, esa imagen que se repite en la mente una y otra vez como esa escena de nuestra película favorita.

¡Ah! Ojalá las noches fueran agridulces como las de Cabiria, con lagrimitas tiernas y música de fondo de Nino Rota, pero en lugar de eso tenemos boleros y unos tragos que nos prometemos de aquí a quizá una fecha incierta que jamás llegará.

¡Ay amor, ya no me quieras tanto!

[…]

¡Ay amor, olvídate de mí!

Olvídame y deja que la noche avance. ¿Por qué las cosas no son como antes? ¿O por qué todo debe cambiar más para mal que para bien?… aunque resulta que el aprendizaje del estado anterior es en realidad la justa medida a lo que se espera. No tener ni una pizca de fuerza en el cuerpo para oponernos a la corriente de la vida y de la pasión.

¿Hasta cuándo termina el ciclo del amor? Es un fantasma; uno que te persigue para atormentarte. No, es la esencia del Eros, el daimón mediador de la revelación de la esencia dual de la totalidad. Tú y yo. Conozcámonos, movámonos, cambiemos, deseemos.

Sí, hay momentos en los que sientes que algo finaliza —muere y cambia—. Y todo tu ser parece gritarlo: “¡Se termina!”, “¡Se termina!”: días de paz, días de niñez y noches de amor. Y en esa penumbra, mientras el cielo oscurecía, algo me lo decía. Y esa sensación no era otra cosa que el fluir del paso del tiempo y la conciencia de la existencia de tantas cosas que deseo conocer sobre el amor antes de que todo se diluya en el olvido. Pienso en ti y en mí, y en mi egoísmo pido que nadie más exista. «Sogno, delirio è questo!». Traiciono mis palabras.

Ya hay pocos clientes, la escort se ha ido y la jefa y mi compañera le ponen la etiqueta a los nuevos babydolls. Llega una pareja, avanzan hacia el mostrador, salgo a su encuentro. Me miran, los miro, dan la vuelta y se van.

*

Notas al margen

[1] Creí que podría vencer a los deseos. Latín macarrónico. La selección de avidos  (Acusativo plural: deseos) fue porque posee una naturaleza instintiva, incluso, irreflexiva o animal. Otras dos opciones, más interesantes, son cupiditas o appetitus como referencia al concepto de amor y deseo en el pensamiento de San Agustín. Sin embargo, su naturaleza es más racional y profunda, la cual no deseaba expresar en esa frase.

 

Los autores y las obras citadas en este texto les dirán más sobre el tema:

 

Arendt, Hannah. El concepto de amor en San Agustín. Madrid: Ediciones Encuentro, 2001.

Aristóteles. Ética Nicomáquea. Madrid: Gredos, 1998.

Bataille, Georges. La felicidad, el erotismo y la literatura. Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora, 2001.

Baumann, Zygmund. Ética posmoderna. Madrid: Siglo XXI, 2005.

________________. Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. México: Fondo de Cultura Económica, 2012.

________________. Liquid Modernity. Cambridge: Polity Press, 2006.

Beauvoir, Simone. El segundo sexo. Madrid: Cátedra, 2005.

Evola, Julius. Metafísica del sexo. Barcelona: Sophia Perennis, 1997.

__________. Ride the tiger: Survival Manual for the Aristocrats of the Soul. Inner Traditions, 2003.

Foucault, Michael. Historia de la sexualidad I. La voluntad de saber. Madrid: Siglo XXI, 1977.

Han, Byung-Chul. La agonía del Eros. Barcelona: Herder, 2014.

_____________. La sociedad del cansancio. Barcelona: Herder,

Lipovetsky, Gilles. El imperio de lo efímero: La moda y su destino en las sociedades modernas. Barcelona: Anagrama, 1996.

Platón. El Banquete o siete discursos sobre el amor. Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 2002.

Reale, Giovanni. Eros, demonio mediador: el juego de las máscaras en el Banquete de Platón. Barcelona: Herder, 2004.

Rendón Ortega, Enrique. “Sobre el amor líquido”. Supérate, Número 1, (2016): 5 y 6.

Savater, Fernando. Política para amador. Barcelona: Ariel, 1993.

______________. Ética para Amador. Barcelona: Ariel, 2009.

Serrano, Sebastiá. El instinto de seducción. Barcelona: Anagrama, 2004.

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