Amor fingido: playlist de la vida nocturna en ciudad Juárez

Sí… bueno… sí…

—…Probando… sí… sí… bueno… sí… ahora tenemos la bonita presencia de… ¡Yajaira!, en su primera melodía de variedad… con esto que dice, más o menos, así…
Los detalles del escenario varían de un lugar a otro, sin dejar de ser lo mismo: una pequeña pista de baile, redonda o rectangular, elevada o baja, pero nunca al mismo nivel del suelo; un tubo de la base al techo para que la chica baile en un solo lugar, o bien, un par de ellos, para que igual número de bailarinas se contoneen a la vez y caminen de un lado a otro de la pista, visibles y tangibles para todos los parroquianos.
Se dice que para los empleados de esos lugares es difícil dejar el ambiente, debe ser cierto. Mientras la mayoría de los trabajos implican tedio, estándares de producción, uniforme, jornadas largas, tiempo extra mal pagado y la obligación de “ponerse la camiseta” en proporción inversa al sueldo que se paga y en claro atentado contra su tiempo libre; trabajar en un centro nocturno significa escuchar música, bailar, beber, divertirse e incluso tener sexo, a la vez que se gana buen dinero sin ponerse ninguna camiseta —más bien al contrario. Eso sí, que el ambiente sea ameno, no significa que sea fácil: ellas no siempre se acuestan con quien les gusta. Es cuestión de acostumbrarse o tomar drogas para soportar los gajes del oficio. El amor fingido también es un trabajo.
La apertura de estos centros nocturnos no obedece a estudios de mercado. Son negocios que se abren por intuición y, muchas veces, por desesperación: para algunos empresarios es negocio seguro, opción primera; para otros es el giro en que ha debido degenerar lo que originalmente se había proyectado como restaurant bar o salón de baile.
El local donde se instalan es lo de menos. Basta con que haya espacio para la pista y las mesas. Cuando no son restaurantes remodelados para el efecto, son bodegas con mayor o menor amplitud. ¿Presupuesto de ventas? ¿Punto de equilibrio? ¿Misión, Visión, Políticas y Valores? En este giro no existe nada de eso y en caso de existir, será determinado por el criterio siempre cambiante del empresario, gerente o encargado del lugar, según sus circunstancias o estado de ánimo.
A pesar de no existir un estudio de mercado, estos lugares parecen determinar el consumidor hacia el cual se dirigen según la ubicación en que se encuentren. Así vemos que en la zona centro, las instalaciones y su clientela son muy distintos a los negocios situados en la nueva zona dorada o el oriente de la ciudad. El desaparecido Día y Noche, el Cash Bar, el Pachanga’s y el Tanga’s Night Club son muy diferentes al Amadeus, al Joker, al Cartier o al desaparecido Princess Palace; del mismo modo que los clientes de unos y otros lugares difieren tanto en su comportamiento como en gustos musicales.

ShamCDJuarez

Foto: Gaby Silveyra

Qué lindo tu cucú

Al ser el Centro Histórico la zona a partir de la cual se dio el crecimiento de la ciudad, también aquí están las cantinas y centros nocturnos más antiguos. Este artículo no pretende narrar la historia de la diversión nocturna en Ciudad Juárez, sino hacer un recuento de los gustos musicales que han permanecido en la preferencia de quienes trabajan o asisten a dichos tugurios. Así, tenemos que durante la década de los ochentas era infaltable la música disco y una de las canciones emblemáticas era Born to be alive, de Patrick Hernández, o una pionera de la música electrónica, Living on video, de Trans X, con sus acordes sintetizados, así como Forbbiden Lover, del grupo Tapps.
No podía faltar Madonna, con sus clásicos Like a virgin, Vogue o, un poco más entrados los años ochenta, Like a prayer; canción que, en lo personal, es una de mis favoritas. Esa misma década marca los albores del reggaeton con Te vez buena y Muévelo, muévelo, de El General.
En cuanto al rock, muy de moda en ese entonces el subgénero del heavy metal con sus variaciones de hardcore y glam, frecuentes inspiradores de movimientos femeninos fueron los grupos Scorpions con Rock you like a hurricane, Bon Jovi con Living on a prayer y Guns and Roses con Welcome to the jungle.
El rock en español también tuvo y tiene una presencia importante en las pistas de ese mundo sórdido. La más tocada —musicalmente hablando—, es Alejandra Guzmán con sus éxitos Reina de corazones y Eternamente bella, sin dejar atrás a la que en un tiempo fue su rival de amores: Paulina Rubio con La chica dorada y Ese hombre es mío.
En los noventas, 2 Unlimited puso a bailar a las chicas y a todo el mundo con Get ready for this, mientras en Latinoamérica surgía Shakira con su álbum Pies descalzos. También La Macarena con Los Del Río hizo moverse a las bailarinas sin seguir necesariamente la coreografía que la había hecho famosa.
Ya en la primera década del nuevo milenio se volvieron imprescindibles, como música para variedad, Britney Spears con Baby one more time y Oops! …I did it again; así como Cristina Aguilera con Lady Marmalade y, al final de la década, Lady Gaga con Bad romance.
En español, OV7 ponía ritmo al atractivo visual con Enloquéceme y Love Colada.
Muchas bailarinas acuden a trabajar con su propia selección de música, aunque es muy común que en los lugares del centro de la ciudad, ya sea por elección de la bailarina o del DJ, la primera melodía de variedad sea una cumbia; más específicamente, Mi cucú, de la Sonora Dinamita.

 

Continuamos con la presencia de Yajaira, en su segunda melodía…

…¡y aplaudan para que se quite todo!
La primera melodía es un preámbulo, una especie de antesala creada por la expectación que produce la promesa de algo mejor que lo mostrado, por lo que habrá valido la pena esperar. La primera pieza deja poco a la imaginación, pero la segunda revela aquello que había permanecido oculto en la anterior: es el premio a la espera de tres minutos, la liberación del pudor remanente, la recompensa a la paciencia… el postre tras haberse comido las verduras.
La segunda melodía de variedad, con su ritmo lento, despeja poco a poco las dudas sobre si la bailarina desnuda luce igual de sexy que vestida. La ropa cae despacio, al contrario de los latidos cardiacos de quienes la miran. El DJ exhorta a aplaudirle, a animarla para que se despoje de todo y quede en la completa desnudez. Es entonces cuando se muestran las diferencias culturales: mientras en los lugares de la zona dorada todo ocurre sin novedad, en los centros más populacheros comienzan los aullidos, silbidos y gritos que al unísono corean “¡oso, oso!” o “¡pelos, pelos!”
Clásicas segundas melodías de variedad son las baladas ochenteras Still loving you, de los mencionados Scorpions, Rosas Rojas de Alejandra Guzmán o la siempre repetida y famosa hasta el hartazgo, Hotel California, de The Eagles. De la misma época, El amor de mi vida; Amor, amor y Linda, de Camilo Sesto, José José y Miguel Bosé, respectivamente.
En la década de los noventa se agregaron las baladas de Metallica, Nothing else matters y The unforgiven, así como Zombie, de The Cranberries. En la década del 2000, OV7 seguía con Te amo tanto, tanto; mientras RBD lo hacía con Sálvame.
Las canciones mencionadas son infaltables en cualquier cabaret, como se les llamaba antes, en cualquier table dance como se les llama ahora o, simplemente, en cualquier congal, como se les ha llamado siempre.
Mientras las baladas mencionadas son de uso común y casi cotidiano en todos los centros nocturnos, en los congales suelen reproducirse como segunda melodía, por gusto de ellas o de algún cliente que las solicite, baladas de difícil asociación con la sensualidad, como Amor te extraño, de Los Silver, Novia linda, de Beto Lozano, o el cover de Quinto Patio, con Los Frontera.

favor de no orinar en las papeleras atte la gerencia

Foto: Angélica Villegas

 

…Y esta fue la presencia bonita de Yajaira en su segunda y última melodía

Canciones nuevas surgen a diario, en todos los géneros y ritmos. Pero sólo algunas permanecen en el gusto colectivo de DJ´s, clientes y bailarinas. Algunas son modas pasajeras, y otras fueron creadas para trascender el tiempo; dando como resultado que aún se escuchen y bailen. Esta mención de piezas musicales está, lo sé muy bien, incompleta: faltan muchas que no incluí por falta de espacio. Pero están son, según mi experiencia —y recientes visitas a esos lugares—, las que día a día y año tras año aún inspiran coreografías lascivas y fantasías realizables a cambio de algunos pesos. Todo esto, mientras dura la noche, desde las cinco de la tarde hasta las tres de la mañana, hora en que no falta aquella bailarina que, con un grito, haga que los clientes vuelvan a la realidad:
¡Se acabó el amor fingido!

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