Una historia de éxito

Ninguna de sus tres exesposas con sus bellezas han podido borrar la poderosa genética de Nrevo en su progenie. Nrevo guarda celosamente en un cajón de su escritorio las fotografías de todas sus mujeres catalogadas por fechas en un álbum que plastifica las fotos y las destruye si se despegan. De sus hijos no guarda ni una sola. Este álbum está dedicado a él y a sus novias, esposas y exesposas.
Nrevo es feo y lo ha sido toda la vida, su familia lo dotó del atractivo del dinero y él mismo fue capaz de procurárselo a granel, pero eso no lo salvó del vacío que siente ante sus deficiencias físicas. Puede enumerarlas y contarlas. Nunca olvidará la escuela de parvularios. Él se sabía diferente a otros niños, no dimensionaba cuánto. Durante el tiempo de recreo, mientras comía a solas afuera del salón escuchó como unos niños se reían, después se burlaban, lloraban de la risa, hasta que no pudo ignorarlo: se reían de él.
Él se sabía diferente ante los otros niños, tanto que le dio la razón a uno de esos ataques lejanos: efectivamente, parecía más un sapo que un niño. Otro mencionó que por su cuello podía caber un brazo entero. Era grande, pero no tanto. Exageraban, sí, pero había algo en esas descripciones muy cercano a la verdad: cara de sapo, ojos saltones, cuello imposible y panza de puerco. Sí, tenía todo eso.
Ninguno de ellos tuvo que mencionar que era cobarde. Se limitó a apartar la cara de los niños y se fue a buscar otro lugar para terminar su almuerzo. Jamás habló de eso con sus padres. Con su nana sí. Le pregunto si era feo y ella nana dijo: “Claro que no, mi niño, eres muy bonito y muy dulce, como los dulces que te gustan”. Tal vez su nana lo amó, pero sintió una satisfacción extraña cuando, en un berrinche porque le arrebató el noveno o décimo sándwich, la despidieron. Conseguir otra nana no era un dilema para su familia, ya mismo mandarían solicitar una nueva y por la tarde el amo de llaves entrevistaría a las que mandara la agencia.
Así mero se sintió la primera vez que cogió. Después de ser humillado por unas cuantas compañeras de la universidad por su fealdad, a una de ellas sí le atrajo pasear en su corvette negro que, fuera del asiento del conductor vencido y lleno de manchas de comida, era impecable. Al cabo de unas semanas de comer en restaurantes y antros exclusivos de la ciudad, un fin de semana el Jaggermeister hizo efecto y se la llevo a un hotel de cuatro estrellas, donde su desempeño fue mínimo: un par de sacudidas a la chica en horcajadas bastaron.
Después de acabar, la golpeó y le tiró un fajo de billetes, el cambio de lo que había invertido de su mesada, cuando se fue ella ya no se reía. Desde entonces su andar tímido se convirtió en un opulento caminar de grasa y arrogancia. Cambio el hábito de tirar con timidez las colillas de cigarros por el de arrojarlas donde le viniera en gana. Dejó de valorar a sus amigos y comenzó a tratarlos con desdén, hasta el punto de burlarse de las novias que tenían. Su primer esposa fue una de esas novias. Decidió que debía casarse y crear un emporio con aquella rubia saliendo de la universidad. El lambiscón de su amigo asistió a la boda, pero no se atrevió a acercarse a la pareja, solo abrazó a Nrevo antes de entrar a la iglesia.
El primer hijo que le dio fue un varón sano y fuerte que nació sin llorar y horripilante como el padre. No volvió a hablarle y el divorcio fue lento como un caracol. Las fotos que guardaba de ella y él eran de su noviazgo. En una foto estaban en la playa. Logró convencerla para un viaje rápido y la embriagó en la playa del hotel. Más que coger, la satisfacción se la produjo el poder de penetrarla sin condón y venirse sin miramientos. Sus lloriqueos desde el baño lo arrullaron hasta que se quedó dormido.
Su segunda esposa no fue menos satisfactoria. Fue la primera en rogarle. La cocaína se convirtió en el pasatiempo de moda entre su círculo y enviciarla no representó problema. Era una modelo aspirante a actriz, que gastaba todo su dinero en ropa, zapatos y ensaladas Era hermosa, sí, un rostro ovalado y hermoso que aun después de humillarla y golpearla aun le rogaba que no la abandonara y le diera más coca.
Ese divorcio fue aun más rápido. Si alguna vez sintió algo por ella, fue de camino al hospital cuando dio a luz al monstruo enorme y enfermizo que lo único que sacó a la madre fue la adicción a la sustancia blanca. A ella no se molestó siquiera en volverla a ver. La foto que guardaba era de su boda al civil, que no fue menos aparatosa que su primer boda.
Nrevo no se permitía su conducta errática en los negocios. Gasolineras, bienes inmobiliarios. Casi todo lo que tocaba lo convertía en ganancias. Su bufete de abogados era para él su segundo talismán. Como lo fuera dejar un fajo de billetes en el tocador para tener a la mujer que quisiera, así sus abogados lo libraban de culpas, pérdidas y tener que ver a sus exmujeres y exhijos, a quienes humillaba con pensiones irrisorias para su posición.
A su tercer esposa le gustaba cogérsela mientras comía. Después de comprar canales de televisoras en diversos lugares de la provincia, siguió con las modelos-actrices. Lo satisfacía ver a las jóvenes estrellas destruir sus relaciones con los tipos guapos para irse tras él. Pobres pendejos. «Quita a ese del programa», «Hazlo raparse, comerse su cabello y que se largue», eran el tipo de órdenes que daba a sus ejecutivos.
A ella también se debía su álbum de fotos: en una rabieta, ella le hizo una escena de celos por las fotos que guardaba en un cajón que ni siquiera se molestaba en esconder. Con la mano en alto, listo para propinarle una golpiza, su rostro adquirió una curiosidad casi humana: ¿de verdad estaba celosa?
Desde entonces catalogó sus fotos en el álbum que compró de camino a la oficina. Pegó las fotos con una lentitud que sus manos regordetas y torpes no dejaron que fuera minuciosa y atenta: unas quedaron chuecas o se pegaron mal, pero ahí estaban todas sus exesposas: hijas de la alta sociedad, artistas y modelos de todas las edades.
Pero Nrevo hoy se siente de un humor especial y sabe decir por qué. Parte de su éxito en los negocios siempre ha sido que él no piensa en pendejadas. No se molesta en preocuparse que piensa el otro o si toma buenas decisiones o no. Mientras pasa las hojas con aquellas hermosas mujeres a las que les destrozó la vida pasa su mano del album a su panza, esa panza que ha estrellado en todos y cada uno de esos ricos culitos, ¿masturbarse? Jamás ha tenido esa necesidad. Este humor especial le ha dado una brillante idea. Mientras telefonea a la secretaria, pone torpemente de lado el álbum.
—LópezRodríguez, dígale a los ejecutivos de Visión Familiar que quiero cambiar el guión de la telenovela infantil, comuníquese al bufete de abogados y dígale a Aristizabal que quiero que Martha le entregue a mi hijo el jueves, para que lo presenten a los ejecutivos como el nuevo protagonista, ¿qué tengo para ese día?
—Tiene la ceremonia en donde lo van a premiar en la Universidad.
—Pásela para el viernes.
—Las invitaciones para la ceremonia ya están hechas y enviadas a los funcionarios del estado, señor.
—¿Qué dicen las invitaciones?
—La fecha y los 300 mil pesos que piensa donar a la universidad.
—Pues que se cambie la fecha y el donativo. Que pongan 600 mil.
—¿Quiere que notifique a contabilidad?
—Lo antes posible.
Nrevo iba a cambiar las cosas. Empezaría por la televisión. El único caso real de éxito que conocía era a él mismo y, por primera vez pensó en compartir su éxito con los demás. Jadeó un par de instrucciones más y colgó.

(Visited 87 times, 1 visits today)

Related Post

Loading Facebook Comments ...

Deja un comentario