5 cosas preocupantes de nuestros días

 

Nunca nos dieron risa los pastelazos o ver a un niño levantándose debajo de una mesa. Lo nuestro es lo banal: tipos que cuentan mal los chistes, juegos de palabras como gáver y alburcitos de la talla de ¿qué-quieres-cabeza? Tal vez estamos algo perturbados emocionalmente, aunque no nos preocupe; no estamos en la cárcel ni deberíamos: pagamos impuestos, damos los buenos días y nuestros muebles no tiene tapiz de piel humana. Aún así hay cosas que nos preocupan, cosas que creemos que solamente notamos nosotros y de las que no decimos nada porque, hey, igual estamos pensando chistoso, no puede existir algo como…

 

 


1. La pedofilia socialmente aceptable


Conozco gente que corre debajo de una mesa cada vez que lee la palabra “pedofilia”, lo hace porque palabras como esas tienen una sombra espantosa; es feo decir la palabra pedofilia a la hora de la comida, es feo decir la palabra pedofilia en una plática casual de pasillo, la palabra pedofilia es fea, así nomás y si se piensa bien es un destino realmente triste e insospechado para una palabra cuya etimología no resulta de sí misma tan siniestra.

Telenovelas mexicanas y pedofilia. ¿Por qué nos escandalizan los aborrecibles secretos de carácter infrasotanal en el vaticano, por qué estamos dispuestos a linchar a toda figura pública a la que se le compruebe un acto que sume las palabras sexual y menor y por qué el argumento básico de toda telenovela se lee como: “estaba una vez una muchachita muy joven y muy pobre que luego conoció a un señor muy adulto y muy noble que se enamoró de ella y la sacó de pobre y ahora por supuesto le pertenece en todo aspecto, también el sexual. Ah sí… vivieron por siempre felices”?

Y ok. Ok. La idea no es nueva. Si nos remitimos a los cuentos folclóricos de la mayor parte de los pueblos preMaradona, esos de los hermanos Grimm y etcétera, descubriremos que la idea de hecho antes era mucho peor… porque para empezar, la “infancia”, como concepto aceptado globalmente es relativamente nuevo. También el amor. Es decir, nuestra versión 3.0 con botón de share y filtros de instagram y cita de Khalil Gibrán. Pero tranquilo, porque si eso le incomoda, siempre podrá perderse en el fascinante mundo de las redes sociales en donde todos hemos acordado que…

 

 


2. Todos contra el Presidente


Hace poco entendimos que el que preside el poder ejecutivo del país puede llegar a mostrarse pasivo-agresivo frente a los medios de comunicación. Si en algún punto una persona pasivo-agresiva ha estado en tu vida, sabes que no quieres que lo esté mucho tiempo y que no es conveniente que se trate de una autoridad que tengas que aceptar, te parezca o no.

Aún así, lo que los medios masivos de comunicación se han encargado de sintetizar en el bonito epíteto “descontento social generalizado” y el otro bonito epíteto “índice de ingobernabilidad”, parece habernos puesto a todos en un modo en donde criticar por cada evento de nuestra vida al presidente, es de hecho nuestra respuesta default… por supuesto, después de que hemos tramitado nuestra FIEL.

Creo que el último presidente en el que estuvimos de acuerdo todos en que no se equivocó en nada fue Lázaro Cárdenas. Me pregunto, también, cómo se leerían los updates de twitter y Facebook de los habitantes de Tenochtitlan; ¿Moctezuma también sabría que no le iban a aplaudir?, es posible que sí, porque los medios masivos nunca aplauden y hablando de los medios…

 

 


3. ¿Qué les pasó, medios? antes eran chéveres


El periódico Corneta Cósmica es izquierdista hasta el tuétano (eso no pasa ni pasará en Aguascalientes), el periódico Clarín Volteado es derechista neoliberal y sabe que somos pobres y que lo compramos para ver los clasificados (en Aguascalientes, de cuando en cuando, todavía es posible encontrar “masajes”). Y bueno, la verdad es que nosotros la regamos, ¿es que acaso de verdad creemos que el compromiso con la verdad vale 7 pesos por impresión? Un político paga los espacios principales, una empresa paga por la publicidad y los clubes de masaje sostienen las ediciones con la oferta de sus servicios (que el SAT se apiade de ellos).

El cuarto poder no es cuestionado en estas tierras. Seguimos figuras y palabras, porque al parecer su trabajo es pensar por nosotros. Las cosas fueron como dijeron. Y mira: ahora ya también comparten los memes que tú haces, porque eso nos ahorra el periodista, el caricaturista; la nota, pues. Y ya que estamos con lo que los medios reflejan y atienden, digame:

 


4. ¿Su masacre va con papas?


Algo muy grave nos pasó en el sexenio pasado. Muy grave claro, dejando de lado la paranoia y neurosis provocada por la siempre bien ponderada Guerra de desgaste contra el crimen organizado, el acuerdo internacional X que nos llenó de bonitos agentes encubiertos y armas automáticas en la compra de tu combo whopper; el ominoso silencio de decenas de ciudades que integraron de facto a su vida cotidiana el toque de queda del que no se habla y las reglas de seguridad mientras se maneja al trabajo, que son muy normales, porque todo está tranquilo y no, aquí no hay problemas jefe.

Y aún así, lo que pasó en Ayotzinapa nos paralizó: pareció tratarse de un evento parteaguas, algo de lo que no sería posible que recuperáramos la confianza, algo que nos impulsaría a exigir cuentas apropiadamente, porque hacía muchos años, los simples generales de una nota sobre el hecho, por más vaga que fuera, no dibujaba tan claramente la colusión de nuestra representación pública con asuntos y palabras del orden que nos hace escondernos debajo de una mesa.

Poco más de unos meses después, un conato del mismo escenario se repitió de nuevo y eso provocó que Oaxaca y Guerrero quedaran a centímetros de algo que a lo menos parecía el comienzo de una revolución; los aviones Goliath tocaron tierra, la Coordinadora manejaba una cifra de 81 mil activos movilizables… eso, señor lector, es un cuento de horror en progreso, que ocurrió durante las últimas elecciones y debajo de nuestras narices. ¿Los resultados? Se llegó a un acuerdo momentáneo, se quemaron algunas casillas y los maestros son malos y porque no se calman. Notas y notas se nos juntan en el buzón. Parece que no queremos verlas. O parece que las vemos y no queremos entender lo que dicen. Algo muy grave nos ocurrió. Algo muy grave nos pasa. Es lamentable que no se volverá viral, como viral y memorable es:

 

 


5. La caída de Edgar


Por encima de todo lo demás, amamos las evidencias multimedia del fracaso, la humillación y sus escarnios. Queremos ver quién se cayó en el escenario, quién se equivocó detrás de un micrófono y pronunció mal el nombre de un pueblo autóctono, McDinero aparece en los premios Mtv, corremos detrás de videítos con niñas y niños mentando madres como albañiles, los lentes en la nuca significan y #, y #, y más #; todo debe ser inmortalizado. Queremos reírnos con la multitud que sólo percibimos en nuestro feed de red social, queremos que nos vuelvan a contar el chiste que no escuchamos bien porque estábamos poniendo atención a la clase de química: ¿qué, qué, qué pasó?, decimos y jalamos la manga del compañero de al lado, que no deja de reírse aunque él tampoco sabe nada.

Ja-ja-ja. No somos ese niño. No somos ese perdedor. Nosotros no nos equivocamos cuando hablamos en público. Nosotros nunca hacemos el ridículo. Nosotros nunca haríamos algo así. Qué locas son las cosas estos días. Qué duro se golpeó en la cabeza. Qué chistoso es el alcoholismo. Qué chistoso es el sufrimiento. El de ellos. El nuestro no. No sufrimos así. No somos como ellos. Nosotros somos normales.

 

 

 

 

 

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