Boyhood: 2 posturas sobre los accidentes del tiempo

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Boyhood: cuando la forma es fondo»

Alex Zúñiga

Tardé mucho para ver Boyhood. Me gusta ver cine en el cine y se tardó chingos en llegar a mi rancho. Apenas un día antes de los Oscar asistí a las casi tres horas con que Linklater inaugura, consciente o no, una nueva forma de hacer cine y pone al listón para los gustosos de romper marcas y llevar al límite lo anteriormente hecho.

Durante los meses antes de poder verla, hice a mis audaces amigos que la bajaron de internet, o a quienes pudieron verla en otro estado, una pregunta recurrente: ¿influye, sinceramente, el hecho de saber que Linklater se tomó más de una década de su vida filmando la cinta en la percepción que tienes de ésta? Luego, uno de los críticos con quien más suelo coincidir, Joaquín R. Fernández, escribió: “Y es que, no nos engañemos, a cualquiera le llama la atención el hecho de que estemos hablando de un título que se ha rodado a lo largo de doce años para de esta manera capturar un importante fragmento de la existencia de una familia sin necesidad de cambiar para ello de actores”. Pensé haber confirmado mi sospecha: la apreciación del filme estaba influenciada por el ardid técnico, la proeza de esfuerzo y paciencia redituaba en la evaluación de la cinta, si hubiese sido grabada con diversos actores, o en un lapso normal, sería una película mediana. Me explico: considero que el esfuerzo técnico que implicó la Divina Comedia, los años y años de disciplina, los endecasílabos encadenados y las implicaciones numerológicas deben terminar siendo anécdotas tangenciales para la obra literaria o si no, la obra literaria misma se volverá una mera anécdota. Dicho de otra manera, el contenido de la obra tiene que ser tan interesante, al menos, como la forma.

Con Boyhood me equivoqué: la pregunta sobre si el hecho de que se grabó en doce años influía en la manera en que veíamos Boyhood es sencillamente una pregunta estúpida. Por supuesto que influye y más: por supuesto que tiene que influir porque Boyhood es su forma. Mi pregunta es tan estúpida como inquirir si los efectos especiales influyen en la forma en que vemos Star Wars.

En serio, me equivoqué: Boyhood sólo pudo funcionar filmándose de esa manera y no tendría por qué hacerse de otra forma, no es un capricho del director ni es un simbolismo críptico, no es algo que agregue o compita con lo que dice la película, no es un artificio porque de hecho ES lo que la película cuenta, por es una película sobre el devenir del tiempo.

En un símil del cine con la literatura podríamos –más allá de su extensión– decir que hay películas que son como cuentos: cuentan una anécdota concisa y se necesitan pocos personajes; otras son como novelas: entreveran historias, situaciones y personajes; incluso podríamos estirar más la analogía y decir que las hay como poemas: ¿les suena Malick o Kim Ki-duk o Greenaway?; en ese terreno Boyhood es un ensayo: un precioso ensayo sobre la decisiones, sobre las pérdidas, sobre las reconciliaciones y los encuentros, sobre el amor, el matrimonio, la adolescencia, sobre la vida, pues, sobre la vida misma y el tiempo, que es el río en donde la vida tiene sitio.

Boyhood no ganó el Oscar a mejor película por varias razones, pero yo no apostaría más a que la principal fueron los jueces, o su duración, o sus actuaciones, o sobre el hecho de que no parece reivindicar ni criticar nada, yo apostaría a que la razón principal es que no puede ser juzgada bajo los estándares de una película porque es una cosa absolutamente distinta, que desborda el campo semántico. Es, más bien, una anomalía. Una anomalía que será recordada como esto y no por sus actuaciones, ni por su guion ni por su fotografía. Una anomalía con la que difícilmente nos reconciliaremos como si fuera una cosa normal. El paso del tiempo la abrazará como esa cosa rara, milagro o fenómeno, que es. Sobre Linklater, aunque ha explorado mucho las formas (creo que la historia detrás de sus Before… sólo soportablemente cursi por el divertimento del tiempo; creo que Waking Life sólo se puede tomar en serio por el divertimento de la animación que, en contraposición, resulta innecesario en A Scarnner Darkly), pienso que este es el punto máximo de su carrera, porque no veo en su trayectoria la capacidad para continuar produciendo obras de ese calibre. Como sea, criticar algo en Boyhood es incluso superficial: cualquier juicio es de una naturaleza distinta a la de la película: tener un guion que se reinventaba cada año para poder mostrar la contingencia del tiempo; correr el riesgo de mostrar actores que fotografiarían tan distinto cada verano; tener una edición que permitiera ecualizar los colores y las temperaturas al diverso metraje; insisto: cualquier crítica de esa naturaleza es banal. Boyhood sólo podrá ser juzgada por su naturaleza misma: el tiempo. Le anticipo larga vida.


Del Arte Impostado a la belleza de la realidad»

 

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